Los piercings orales (ya sean en el labio, la lengua o el frenillo) son una forma de expresión estética muy popular desde hace años. En Clínica Dental Bayo Martín lo entendemos perfectamente y respetamos tu estilo.
Sin embargo, como profesionales de la salud, es nuestra obligación explicarte la “letra pequeña” de llevar un objeto extraño en la boca las 24 horas del día. Porque, desgraciadamente, lo que vemos en la consulta no es solo estética: vemos las consecuencias a largo plazo que estos accesorios tienen sobre tus dientes y encías.
Si llevas un piercing en el labio (como un labret, un Monroe o un aro) o estás pensando en hacerte uno, necesitas leer esto para tomar decisiones con información y evitar problemas serios en el futuro.
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ToggleLos 3 problemas principales de tener un piercing en el labio
El problema no es el pinchazo inicial, sino el roce continuo y crónico del pendiente contra los tejidos de tu boca. Imagina una pequeña piedra en el zapato durante meses, el efecto en tu boca es similar.
Estos son los riesgos más frecuentes que tratamos en la clínica:
1. Recesión gingival: El enemigo silencioso de tus encías
Este es, sin duda, el problema más grave y frecuente a largo plazo. La parte posterior del piercing (el cierre plano o la bola que queda dentro de la boca) roza constantemente contra la encía, especialmente en los incisivos inferiores.
Este “micro-traumatismo” constante hace que la encía, como mecanismo de defensa, se retraiga, es decir, “huya” hacia abajo. Esto deja la raíz del diente expuesta, provocando sensibilidad dental y problemas estéticos. Si no se frena a tiempo, puede derivar en problemas graves de soporte del diente, similares a los que provoca una enfermedad periodontal o problemas de encías.
¡Ojo! La encía que se pierde por retracción no vuelve a crecer por sí sola.
2. Fracturas y desgaste dental
El metal es más duro que el esmalte de tus dientes. Es muy común que las personas con piercings en el labio jueguen con él inconscientemente, golpeándolo suavemente contra los dientes.
Este golpeteo continuo provoca microfracturas en el esmalte, astillamientos en los bordes de los dientes (especialmente los delanteros) y un desgaste prematuro. Hemos visto muchos casos de dientes perfectamente sanos que acaban rotos por un golpe accidental con el piercing al comer o hablar.
3. Infecciones y complicaciones agudas
La boca es un entorno húmedo y lleno de bacterias. Una perforación reciente es una herida abierta. Si no se cuida extremadamente bien, es la puerta de entrada perfecta para bacterias que pueden provocar infecciones en la boca dolorosas, hinchazón severa e incluso, en casos raros, afectar al nervio de la zona.
Soluciones y consejos: ¿Qué hago si no quiero quitármelo?

La solución más efectiva desde el punto de vista médico es, honestamente, retirar el piercing. Al hacerlo, el factor irritante desaparece y la salud de la zona suele estabilizarse (aunque la encía perdida no se recupere sola).
Sin embargo, si decides mantenerlo, debes ser extremadamente riguroso con estas medidas para minimizar los daños:
Cambia el material: Di adiós al metal
Este es el cambio más importante. Sustituye la barra y el cierre metálico por materiales como el BioPlast o el teflón. Son materiales mucho más blandos y flexibles que el titanio o el acero quirúrgico. Aunque no eliminan el riesgo al 100%, son mucho menos agresivos al rozar contra la encía o golpear el diente.
Ajusta el tamaño
Asegúrate de que la barra no sea excesivamente larga una vez que la hinchazón inicial haya bajado. Cuanto más se mueva, más daño hará. Un profesional del piercing debe ajustarlo.
Higiene extrema
No basta con cepillarse los dientes. Debes limpiar la zona del piercing meticulosamente después de cada comida para evitar que se acumulen restos de alimentos alrededor. Usa un colutorio sin alcohol (la clorhexidina puede ser útil los primeros días bajo indicación profesional).
Revisiones “anti-daño” en el dentista
Si llevas piercing, tus revisiones con un dentista son más importantes que nunca. No esperes a que te duela.
En Clínica Dental Bayo Martín, revisaremos específicamente la zona donde se apoya el pendiente. Si detectamos el inicio de una recesión de encía o una pequeña fisura en el diente, te avisaremos a tiempo antes de que el daño sea irreversible y requiera tratamientos complejos como injertos de encía o carillas dentales para reparar roturas.
Conclusión
Un piercing en el labio es una decisión estética con implicaciones médicas. Disfruta de tu estilo, pero no dejes que te cueste la salud de tu sonrisa.
Si llevas tiempo con un piercing y notas que la encía ha bajado o que tienes sensibilidad en los dientes cercanos, contacta con nosotros inmediatamente. Evaluaremos la situación y te daremos la mejor solución para proteger tu boca.


