La periimplantitis es una patología inflamatoria que afecta los tejidos que rodean un implante dental, incluyendo la pérdida progresiva del hueso de soporte. Se considera una de las principales causas de fracaso en tratamientos implantológicos a medio y largo plazo. Se distingue de la mucositis periimplantaria por la presencia de destrucción ósea, mientras que en esta última la inflamación se limita a los tejidos blandos sin pérdida ósea.
Ambas condiciones forman parte del espectro de enfermedades periimplantarias. La mucositis es reversible si se detecta y trata a tiempo, pero si progresa sin intervención adecuada puede derivar en periimplantitis, una situación más grave que requiere tratamientos más complejos.
El diagnóstico diferencial es esencial y se realiza a través de una combinación de evaluación clínica (sangrado al sondaje, supuración) y pruebas radiográficas que evidencien pérdida ósea alrededor del implante.
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ToggleCausas y factores de riesgo de la periimplantitis
La etiología de la periimplantitis es multifactorial, con un fuerte componente infeccioso asociado al acúmulo de placa bacteriana y biofilm alrededor del implante. A esto se suman factores sistémicos, mecánicos y conductuales que aumentan el riesgo de desarrollo:
- Higiene oral deficiente: Es el principal factor de riesgo. La acumulación de biofilm favorece la inflamación de los tejidos periimplantarios.
- Historial de periodontitis: Los pacientes que han sufrido enfermedad periodontal tienen mayor probabilidad de desarrollar periimplantitis.
- Tabaquismo: Afecta la respuesta inmunológica y compromete la cicatrización de los tejidos.
- Diabetes mal controlada: Contribuye a la inflamación crónica y dificulta los procesos de regeneración.
- Prótesis mal diseñadas: Restauraciones con sobrecontornos dificultan la limpieza y aumentan la retención de placa.
- Falta de controles periódicos: La ausencia de seguimiento profesional impide la detección temprana de signos de enfermedad.
El reconocimiento de estos factores permite aplicar estrategias preventivas y personalizadas desde la planificación del tratamiento implantológico.
Síntomas más comunes y diagnóstico clínico

Los síntomas de la periimplantitis pueden ser sutiles en sus primeras etapas, pero con el tiempo se vuelven evidentes y comprometen la estabilidad del implante. Entre los signos más comunes se encuentran:
- Inflamación o enrojecimiento de la encía alrededor del implante.
- Sangrado al sondaje o de forma espontánea.
- Supuración o secreción purulenta.
- Dolor o sensibilidad al tacto o al masticar.
- Retracción gingival y exposición de roscas del implante.
- Movilidad del implante (en casos avanzados).
El diagnóstico se basa en la evaluación clínica, incluyendo sondaje periodontal, y pruebas radiográficas para medir la pérdida ósea marginal. La comparación con radiografías anteriores es clave para determinar si ha habido progresión ósea.
Opciones de tratamiento para la periimplantitis
El tratamiento de la periimplantitis puede variar según la severidad del caso y el estado del implante. Se suele dividir en dos fases: tratamiento no quirúrgico y quirúrgico.
Tratamiento no quirúrgico
Recomendado en casos leves o en etapas iniciales. Tiene como objetivo principal eliminar el biofilm y la carga bacteriana de la superficie del implante:
- Raspado mecánico con instrumentos especiales (titanio, teflón, ultrasonido).
- Irrigación con antisépticos como clorhexidina.
- Aplicación de antibióticos locales o sistémicos.
- Terapia láser para descontaminación y bioestimulación.
Aunque estos métodos pueden reducir la inflamación, su eficacia en la recuperación ósea es limitada.
Tratamiento quirúrgico
Cuando existe pérdida ósea significativa, se requiere intervención quirúrgica. Las técnicas empleadas pueden incluir:
- Cirugía de acceso para descontaminación profunda de la superficie del implante.
- Regeneración ósea guiada (GBR), mediante injertos y membranas para recuperar el volumen óseo perdido.
- Cirugía resectiva, en casos donde se busca recontornear el hueso para facilitar la higiene.
- Uso de técnicas avanzadas como láser de alta potencia, terapia fotodinámica o superficies modificadas bioactivas.
El éxito del tratamiento depende del grado de afectación, el protocolo quirúrgico aplicado y la cooperación del paciente en el mantenimiento postoperatorio.

Estrategias de prevención y mantenimiento
La prevención es el pilar más importante en el manejo de las enfermedades periimplantarias. Estas son algunas medidas clave para evitar la aparición de periimplantitis:
Higiene oral adecuada
Los pacientes portadores de implantes deben seguir un protocolo estricto de limpieza que incluya:
- Cepillado con técnica adecuada al menos dos veces al día.
- Uso de cepillos interdentales y sedas específicas para implantes.
- Irrigadores orales en caso de dificultades de acceso.
- Enjuagues con antisépticos en situaciones de riesgo.
La educación del paciente sobre la importancia del cuidado domiciliario es fundamental.
Mantenimiento profesional periódico
Las revisiones periódicas permiten detectar a tiempo cualquier signo de inflamación. En estas visitas se realizan:
- Evaluaciones clínicas con sondaje.
- Limpiezas profesionales adaptadas a implantes.
- Control de prótesis atornilladas o cementadas.
- Revisión radiográfica cuando sea necesario.
El intervalo de mantenimiento se ajusta al perfil de riesgo del paciente (de 3 a 12 meses).
Control de factores sistémicos
Es fundamental controlar enfermedades como la diabetes y evitar hábitos como el tabaco. La salud general influye directamente en la respuesta de los tejidos periimplantarios.
La periimplantitis es una complicación seria que puede comprometer el éxito de un tratamiento con implantes si no se detecta y trata a tiempo. Su origen multifactorial exige una combinación de buenas prácticas de higiene, seguimiento clínico riguroso y control de factores sistémicos y protésicos.
El diagnóstico precoz y la intervención adecuada aumentan significativamente las posibilidades de conservar el implante y los tejidos que lo rodean. La prevención sigue siendo la estrategia más efectiva: una higiene adecuada y visitas regulares al profesional de la salud bucodental son la clave para disfrutar de implantes sanos a largo plazo.


